El cáncer es un problema de salud mundial cuyo tratamiento es agresivo, pero nuevas terapias podrían ser la solución para combatirlo y no afectar la calidad de vida del paciente.
El cáncer, según la Organización Mundial de la Salud, se define como un conjunto de enfermedades caracterizadas por un crecimiento descontrolado de células anormales con la capacidad de invadir tejidos adyacentes y propagarse a otras partes del cuerpo (3).
Es uno de los mayores problemas sociales, económicos y de salud pública del siglo XXI, siendo la segunda causa de muerte a nivel mundial. Su incidencia está en aumento debido a diversos factores ambientales, genéticos y hábitos del día a día como el tabaquismo, alcoholismo, entre otros, así como al envejecimiento de la población.
En el 2022 se reportaron más de 20 millones de casos de cáncer y alrededor de 10 millones de muertes asociadas a cáncer a nivel mundial. Se espera que la incidencia supere los 35 millones de casos nuevos para el 2050. Los cánceres más comunes a nivel mundial incluyen el de pulmón, mama, colorrectal, próstata y estómago (1).
La terapia dirigida puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas.
El tratamiento actual se basa en cirugía, quimioterapia y radioterapia, dependiendo del órgano afectado, la histopatología y el tipo de cáncer. La quimioterapia y la radioterapia, aunque efectivas, afectan tanto a células cancerosas como a células sanas, provocando así una variedad de efectos adversos como náuseas, vómitos, fatiga entre otros (3).
La terapia dirigida
La terapia dirigida se basa en la inhibición de proteínas específicas que controlan el crecimiento, la división y la propagación de las células cancerosas (4). De esta forma, afecta principalmente a las células cancerosas, sin dañar a las sanas (3). Actualmente, existen diversos tipos de terapia oncológica dirigida como la terapia de moléculas pequeñas y la terapia de anticuerpos monoclonales. (4)
Las moléculas pequeñas inhiben proteínas clave en la proliferación y supervivencia tumoral; mientras que los anticuerpos monoclonales se unen a proteínas en la superficie de la célula cancerosa bloqueando su multiplicación o facilitando su destrucción por el sistema inmune (10)(4).
La terapia dirigida ataca directamente a las células cancerígenas.
Casos de éxito de la terapia dirigida
Uno de los avances más significativos es el Imatinib, un inhibidor de la tirosina cinasa utilizado en la leucemia mieloide crónica (LMC), que ha aumentado la tasa de supervivencia a 10 años de un 20% a un 83.33% (4,6). Este fármaco actúa bloqueando la actividad de la proteína bcr-abl1, cuya actividad exacerbada es responsable de la proliferación descontrolada de las células leucémicas.
En el cáncer de mama HER2 positivo, el uso del Trastuzumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra el receptor HER2, ha mejorado el pronóstico de los pacientes al reducir la proliferación celular y activar la respuesta inmunitaria (9). Su combinación con quimioterapia ha demostrado reducir en un 33% el riesgo de recurrencia y mortalidad (11).
Una mirada diferente
El cáncer continúa siendo una de las principales causas de morbi-mortalidad a nivel mundial. El surgimiento de terapias dirigidas como el Imatinib en la LMC y el Trastuzumab en el CaMa HER2 positivo ha revolucionado el tratamiento oncológico al mostrar un gran impacto en la mejora del pronóstico y calidad de vida de los pacientes, además de ofrecer mayor especificidad y menor toxicidad que las terapias convencionales.
Autores del artículo:
MPSS. Isabella González Leonel de Cervantes, Médico Pasante de Servicio Social, UAG; Dra. en C. Xochitl Helga Castro Martínez, Laboratorio de Genómica de las Enfermedades Psiquiátricas y Neurodegenerativas, INMEGEN; Dr. en C. Emilio Joaquín Córdova Alarcón, Consorcio Oncogenómica, INMEGEN y Dra. en C. Anna Gabriela Castro Martínez, Profesor Investigador, Aparatos y Sistemas I, UAG.
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